miércoles, abril 20, 2011

Bandas sonoras nacionales

Tal vez en Venezuela no haya compositores para cine del renombre internacional , pero sí hay músicos que se han especializado en ponerle emoción a las películas criollas con sus melodías.

En un país donde un género tan particular de composición es incipiente, donde no hay lugares de formación para esta disciplina, donde difícilmente pueda conseguirse una copia en CD o Mp3 en el mercado de una banda sonora venezolana, compositores como Eduardo Marturet, Nascuy Linares, Francisco Cabrujas y Rigel Mitxelena nadan contra corriente y aun así se han convertido en los principales exponentes criollos de una rama del séptimo arte tan importante como la dirección o la fotografía.

Por Carlos “Caque” Armas
Revista Sala de Espera






“Un buen compositor de cine entiende la relación que debe haber entre imagen y música. Entiende cómo acompañar una trama, cuándo la música debe estar en primer plano y cuándo en segundo”, comenta Luis Alberto Lamata, director de la película Taita Boves, quien firma con este trabajo su tercera colaboración con el compositor venezolano Francisco Cabrujas, uno de los profesionales de mayor experiencia en nuestro país a la hora de poner música a las imágenes.

Francisco viene del mundo de la televisión, donde la gente trabaja como loca, la mayoría de las veces sin horario y contra el reloj. No se formó específicamente en la disciplina de lo que llaman film scoring; lo bueno y lo malo que sabe hacer se lo debe a los culebrones venezolanos, a los unitarios, a la televisión en general y a la necesidad que (según él) lleva en la sangre de intervenir en el hecho dramático. En su portafolio cuenta con la música de 8 películas venezolanas, además de novelas y series de televisión para otros países.

Por su parte, Rigel Mitxelena acaba de musicalizar su primera película. Fue adquiriendo experiencia en la composición para audiovisuales, haciendo música para comerciales. Ya ha compuesto música para cortometrajes y otros trabajos más informales de video, pero su gran reto vino de la mano del director Marcel Rasquin, cuando le pidió hacer la música para su ópera prima: Hermano.

Ambos compositores conversaron sobre las particularidades de hacer música para películas en Venezuela.

—¿Cuál es la mejor banda sonora que se ha hecho para una película venezolana?

—Rigel: hay como dos o tres que recuerdo que me gustaron, pero que recuerde recientemente, me gustó la música de Un lugar lejano de Oswaldo Montes.

—Francisco: superando la tentación de decir que son las que yo he hecho… jajaja, tengo que decir que hay muy buenas bandas sonoras en Venezuela. Hay, sobre todo, una generación de jóvenes que se levanta; compositores con propuestas muy personales e interesantes. Creo que la música para cine en Venezuela tiene mucho que decir y me encanta que estos jóvenes no se hayan dejado llevar por la tentación del estándar y que, más bien, impriman a sus trabajos ese sello único y personal, que debe caracterizar toda creación justificando el título de séptimo arte que lleva el cine.



—Si en Venezuela no existen lugares donde aprender formalmente el oficio de componer para cine, ¿de dónde aprendieron ustedes? ¿Hay algún compositor de cine que los haya influenciado?


—Francisco: podría citar a Enio Morricone, Hans Zimmer, James Horner y muchos otros que me parecen excelentes músicos de cine, pero creo que uno hoy en día está tan bombardeado de música, de información y de culturas diversas, que las influencias no se sabe ni de dónde vienen. Uno es un poco de todo y, como latinoamericano, orgullosamente digo “soy mezcla”, y eso tiene también un color musical único que podemos exhibirle al mundo con orgullo.

—Rigel: generalmente los compositores que hacen música para cine suelen ser muy polifacéticos. Deben apegarse a una historia que hoy puede ser en un barrio, mañana en una selva o en otra época. En ese sentido, los que logran ser más polifacéticos son los que más me gustan. Admiro, por encima de todos, el trabajo que ha hecho Gustavo Santaolalla para las películas de Iñarritú. La banda sonora que hizo para Babel es increíble.

—Francisco: sin temor a sonar estereotipado, mi banda sonora favorita es la de Lo que el viento se llevó. Es tan memorable, tan emblemática e intensa, que es imposible pasarla por alto; sin considerar el trabajo titánico de hacer música sin interrupción, para una película tan larga, superando todo límite.

—¿Cómo es el proceso creativo para musicalizar una película?

—Rigel: depende mucho de con quién y cómo trabajes.

—Francisco: el proceso comienza con la comunicación directa con el director, él es el que te comunica lo que quiere; te da, lo que yo llamo, “el perfume de lo que vas a hacer”.

—Rigel: a mí me gusta estar involucrado desde el guión. De hecho, Hermano la conozco desde que era una idea en cuatro fichas en un escritorio. Arma de doble filo, porque te involucras mucho, vas generando ideas y corres el peligro de que el guión mute a medida que la película se va rodando. Te puedes enamorar de alguna etapa en particular, que luego puede cambiar.

— Francisco: en realidad, yo soy de los que piensan que la música de una película está impresa en la misma película, sólo faltas tú para traducir ese código y claro, el director te da una ruta para esa traducción. En realidad, es un trabajo en equipo maravilloso, porque no hay nada más democrático que el cine, una película es de mucha gente y eso es maravilloso.

—¿Qué pasa con esa música luego de la película?

—Francisco: muy buena pregunta, yo también me la hago jajajaja.

—Rigel: en mi caso, es posible que se edite en un CD por mi parte, como que la publique en Internet. No sé si la gente que produjo la película quiera hacer algo. Creo que en Venezuela no sólo hay mercado para la película, sino para discos con su música también.

—Francisco: en otros países existe desde hace mucho tiempo la industria del soundtrack, que es un producto en sí mismo y que tiene un público al que deberíamos llegar.

—Rigel: se tiende a subestimar al público venezolano. Si la gente hace bien su trabajo, el que lo pone en la calle y los hace accesibles, debería considerar que a la gente le guste ese tipo de cosas. Es un rollo más de infraestructura que de público.

—Francisco: deberíamos crear una forma de difundir esa música y eso también me lo digo a mí mismo. Quizá sea hora de ponerle empeño a eso.

Fuente: Revista Sala de Espera

1 comentario:

René Rivera dijo...

Genial, ojala existieran medios o contactos para resaltar más el talento de Venezuela.

Al igual si tienen contactos sería bueno que los facilitaran a los músicos interesados.