domingo, abril 29, 2007

Cándido Millán, maestro de generaciones

Cándido Millán estaba acostumbrado a que lo dieran por fallecido. "Cuando me conocen, preguntan: '¿Y usted está vivo?", comentaba y se reía. Pocos verían la gracia en el recurrente comentario, pero él ya ni se sorprendía. Millán no sólo estaba vivo, en buena forma a sus 71 años y a cargo del Taller Escuela Arte Fuego en San Bernardino. Su libro Educación Artística que escribió hace 40 años, seguirá viajando en los morrales de los estudiantes de 8º grado (antes 2º año) y aún servirá de guía para los bachilleres que deseen conocer las redondeces de la Venus de Willendorf o memorizar qué es el cinetismo.

Cándido Millán (Adícora Estado Falcón 1931- Caracas marzo 2007), buscó su primer contacto con el barro de las tierras falconianas, sus primeras piezas buscaron la forma que las huellas del viento y la erosión del mar dejan en las casas de la región. Falcón y el efecto de la naturaleza fluye en las mandalas y en la obra de Millán: “manteniendo la idea del elemento pero siempre creando algo nuevo”, dijo en una oportunidad. Es así como fósiles marinos cobran sentido en el esmalte y el modelado o árboles de la paz pretenden representar el relieve que enmarca la vía a la Península de Paraguaná.
Juan de Jesús y Carmen Elena Espinoza son fundamentales para guiar a Millán cuando ingresa a estudiar en la escuela normal. En este centro educativo trabajó, entre otras cosas, con la escultura, y fundó el Centro de Estudios Artísticos Armando Reverón; en ese entonces nos relata que vivía el pintor impresionista y se encargaba de organizar excursiones para verlo trabajar.
Fue una época efervescente en la que uno de sus profesores le sugirió entrar en la Escuela de Bellas Artes y Artes Aplicadas que funcionaba en la esquina de El Cuño. En su faceta como maestro graduado continuaría con la elaboración de unas guías didácticas especializadas.

Comenzó a desempeñarse como docente en San José de Río Chico en el Grupo Escolar Lander y posteriormente prosiguió en Caracas, según dijo en una oportunidad: “existía una gran preocupación de parte del educador por formar a sus alumnos, se carecía de textos escolares, entonces me dediqué a preparar unas guías de estudio de educación artística para el segundo año multigrafiadas que respondieran a los contenidos y actividades de los programas para uso de mis alumnos.”

Poco a poco estas monografías circulaban por todos los planteles de Caracas, comenzaron a llamar a Millán para que impartiera clases en instituciones públicas y privadas tales como: Carlos Soublette, Andrés Bello, Juan Vicente González, La Salle, Santo Tomás de Aquino y San José de Tarbes. Innovador en su género, el texto de Educación Artística tuvo su origen en estas guías, de aquel primer ofrecimiento que hicieran los hermanos salesianos en una imprenta, surgió la oferta del profesor Martínez Gómez, quien trabajó como coautor del segundo tomo: Educación Artística Visualizada.

El éxito editorial le abre otra puerta a Millán en el Ministerio de Educación: se le planteaban varias propuestas, entre ellas se encuentra la creación de los talleres de cerámica dentro del programa de educación para el trabajo. Esta tarea le despierta inquietud por la cerámica como también narró en una ocasión: “comencé a estudiar la técnica, consulté y estudié a diversos especialistas, como Beatriz Plaza, la ceramista francesa Odile Frachet y la diseñadora industrial Estefanía Moraus, entre otros”.

Son muchos los pupilos que se han nutrido de su experiencia en el contacto con nuestra materia primigenia, para él siempre el sendero del barro aunque se perfila con repunte también es golpeado por el impacto económico; es por ello que a veces cuestiona la comercialización, incluyendo a las galerías. Cree que en la formación del creador las escuelas de arte se han dado cuenta que tienen que preocuparse desde el aspecto técnico hasta el creativo.
El fundador del Centro de Estudios Artísticos Armando Reverón, Grupo Barro Rojo y la Asociación Venezolana de Artes de Fuego, manifiesta las gratitudes que dejan el magisterio. A Millán siempre le ha satisfecho recordar el contacto con las personas a través de la enseñanza; por esa vía constantemente ha evocado los conocimientos transmitidos a un sin número de generaciones, para él han sido motivo de orgullo textos como: Educación Artística y Dibujo Técnico, ambos para educación básica, e Historia del Arte para primer año. Por eso cuando se ha dado la ocasión que Millán desnude sus recuerdos sonríe con anécdotas como la de la muchacha que un día le dijo “…ese libro es viejito y creo que ese señor debe estar muerto”.

El 26 de septiembre de 2001 Víctor Valera, Jorge Barreto, Noemí Márquez, Alberto Asprino y John Lange designados por el Consejo Nacional de la Cultura, CONAC, resuelven por mayoría otorgar el Premio Nacional de Artes de Fuego 2000, en reconocimiento a los altos e indiscutibles exponentes venezolanos de la inteligencia creadora al servicio de las artes, en consideración a su labor pedagógica, por la amplia significación de su obra en la formación artística en beneficio de la divulgación de los valores plásticos a nivel nacional.


Su trabajo creativo se pudo apreciar en individuales realizadas en las galerías Terracota y Félix de Caracas, y Lozano y Gala de Valencia. En colectivas, su obra se mostró en eventos como el VII y VIII Salón Nacional de las Artes del Fuego, I Salón Nacional de la Asociación de las Artes del Fuego, II Bienal Nacional de Artes Visuales, Cerámica Contemporánea de Venezuela, Nuevas Visiones de las Formas, Tendencias de la Cerámica Contemporánea; entre otros más.

También estuvo en colectivas internacionales, y recibió, entre otros méritos, la Orden Andrés Bello (Primera Clase), Orden 27 de Julio (Segunda Clase) e Hijo Ilustre del Estado Falcón.
Adicionalmente, fue fundador de la Asociación Venezolana de las Artes del Fuego.


Pero sin duda, su obra máxima, además de la docencia, fue la que dedicó al Taller Escuela Arte Fuego, en San Bernardino, de donde han egresado generaciones de ceramistas, orfebres y demás artistas del fuego. En sus hornos se han fraguado los sueños de jóvenes y adultos, porque sus cursos y talleres se dirigen prácticamente a todo aquel que desee aprender.


Nelly Barbieri escribió para él en el homenaje que le rindió Fundarte en 2002: "Cándido Millán dio un vuelco a su trabajo. Comenzó a construir piezas ensambladas que contraponen el cilindro básico del torno, que proporciona firmeza y estabilidad, a lo más ortodoxo del aspecto procesal y expresivo de la materia. Creo la línea de trabajo que llamó Adícora".

Fuentes:

El Universal

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2 comentarios:

berta montañez dijo...

gracias profesor Candido,que Dios lo Bendiga,soy estudiante de artes plasticas,en el Pedagogico de Caracas,Uds., es una referencia obligada de inspiraciòn, en nuestros estudios y la verdad es que.....que orgullo saber que tenemos un venezolano de tan alta esfera del arte.

atentamente.
Berta Montañez
Fundacion La Mano de Dios

Anónimo dijo...

Para mi queridisimo maestro. Por simpre, dejaste mi huella en mi. Nunca te olvidare.
Carolina Riobueno