lunes, noviembre 19, 2007

Señoras y señores: ¡Simón Díaz!

Simón Díaz nace a las 8:00 de la mañana del 8 de agosto de 1928, como el octavo hijo de la pareja, aunque no se volvió por eso un 8, en Barbacoas, estado Aragua. Allí transcurre su infancia, pobre pero a la vez rica en ambiente, paisaje y tradición. Simón Díaz fue becerrero en el Hato Guabina. Su padre el maestro Juan y su madre doña María, deciden sacar “a su prole de aquel pueblito azotado por las enfermedades y la desolación”. La familia recorrió Turmero, Maracay, Magdaleno y Villa de Cura, buscando una mejor vida y mejores momentos; pero el destino le llegó al viejo maestro Juan, quien muere en Villa de Cura y es cuando el joven Simón, asume la figura de hermano mayor y junto a su madre, trabaja duro para levantar a la familia. Y así lo cuenta Simón: “A mí que era el mayor/ me llamó antes de morir/ y me dio nobles consejos/ que aún yo conservo aquí: Se queda jefe de la casa,/ señalándome, me dijo: sé padre de tus hermanos/ y con tu madre un buen hijo”. Trabajo con dignidad hicimos mi madre y yo,/ ella lavó ropa ajena/ mientras yo serví de ‘pión’...”. Se mudan a San Juan de los Morros y allí comienza una nueva etapa de Simón, realizando estudios en la universidad de la vida: la calle. Fue becerrero en Santa Isabel, muchacho de mandado de casa de familia, repartidor de una bodega, vendedor de chucherías y granjerías que Doña María preparaba: “...En la cabeza el rollete/ y un azafate colmao/ majarete, tequiche/ de arepa de ‘mai pilao’. Y mi madre se doblaba/ a orillas del río San Juan,/ lavando ropa ajena/ pa’redondear el pan”.


Rafael Marrón González





Cada vez que Caetano Veloso canta “Sabana”, a capela, tema que regularmente interpreta en sus conciertos como una de las canciones inmortales de América Latina, suelo ponerme de pie. La propaganda que ha recibido “Alma Llanera”, con su dislate “me arrulló la viva diana”, cuando la diana es un sonido estridente para despertar garañones, ha impedido que otros temas como Concierto en la llanura de Juan Vicente Torrealba o Quinta Anauco, de Aldemaro Romero o Natalia, de Antonio Lauro o Moliendo café, de Hugo Blanco o Sabana, de Simón Díaz, entre otros varios hermosos temas de nuevo cuño, sean asumidos con el mismo afecto por el pueblo venezolano, para incrementar la valoración de su acervo musical reducido por el implante cultural acrítico de su “segundo himno nacional”. Pero para mí, ese tema de Simón, cantado también por Joan Manuel Serrat, que en una entrevista dijo que las canciones de Simón Díaz eran universales porque provenían de lo provinciano, y solamente era universal lo provinciano; así como Mi querencia, Romance en la lejanía, Tonada del cabrestero, Luna de Margarita, Cristal y Tonada de luna llena, con su poderosa imagen lírica: “luna, luna, luna llena... menguante”, que resume espléndidamente lo efímero de la luna llena que inmediatamente comienza a reducir su luminosidad, que fue incluida en la banda sonora de su película “La flor de mi secreto”, de Pedro Almodóvar, son verdaderas joyas para la inmortalidad del acervo musical popular venezolano, aunque Caballo viejo sea el más internacional de sus composiciones, ha sido versionada 350 veces y traducida a 12 idiomas, y todas las demás, que son muchas, tengan también su espacio en el alma universal venezolana.



Yo conocí a Simón una noche en el cine Park
Era un día “se me olvidó”, del mes “no me acuerdo” del año 1965, que sí tengo clarito porque hacía unos meses que había llegado a Guayana, cuando en el lujoso, para entonces, cine Park de San Félix presentaron a Simón Díaz. Yo tenía 18 años y pagué mi entrada de “galería” para ver “en vivo” al cantante de “Por Elba”, que luego me enteré que era “Por El va...por”, y “Superbloque”, temas que había pegado duro en la radio. En esa presentación le dedicó su creatividad e ingenio para la versificación rápida a... la galería que lo aplaudía hasta el delirio. Y de repente se puso serio, y cantó “Dos almas” como el mejor de los boleristas de América, al terminar recibió una ovación, y nos espetó: ¡Ajá, seguro que cuando comencé este bolero se dijeron: Vamos a ver si este bolsa sabe cantar! Y así siguió con sus cuentos de ordeño y sus anécdotas pueblerinas que nos llenaron el corazón de reminiscencias, porque ese público era en su mayoría inmigrante.



Una conversa telefónica
Simón Díaz habla como canta. En sus conversaciones no falta la gracia, el chiste oportuno, la comparación ingeniosa. Un domingo en la mañana lo llamé desde la oficina de la Dirección de Cultura del Municipio para ponernos de acuerdo en sus honorarios para una presentación en Ciudad Guayana, el Día del Niño, tomando en cuenta la realidad de nuestra conurbación, que son dos ciudades y por lo tanto debía pagarle doble tarifa. Pero de eso se encargaba su hija y representante, con quien no logramos un acuerdo, por nuestra falta de recursos. Sin embargo, la conversación con Simón fue grata. Como debe ser. El artista separado totalmente del vil metal. Me preguntó de dónde lo estaba llamando. Al responderle que de mi oficina, me respondió: -”Hoy es domingo, y solamente dos venezolanos están trabajando: El doctor Caldera y usted”. Y luego quedamos de vernos porque yo quería entregarle un pequeño homenaje poético que le había escrito y me prometió llamarme si venía a Guayana. Y en eso han pasado otro poco de años. Sin embargo, mi aprecio por Simón Díaz, como estoy convencido es el de casi todos los venezolanos, se debe a esa pasión irreductible por el telúrico ser venezolano que compartimos por la convicción de que esta es la mejor de las patrias posibles, porque la patria es la gente y como nuestra gente es de alma buena, sencilla y diáfana, así es nuestra patria.





Se descubre músico
Y poco a poco va demostrando su inclinación por la música al ser atrilero y acomodador de micrófonos y cornetas de un grupo musical de San Juan de los Morros, llamado Siboney, en la cual llegó a ser el cantante de boleros. Cuando tenía 20 años se muda a Caracas buscando expandir sus conocimientos musicales se inscribe en la Escuela Superior de Música, en la vieja casona de la Santa Capilla, bajo la dirección del maestro Vicente Emilio Sojo. Y cuenta Simón: “Después de cinco años, empecé a realizar mis propias composiciones, tonadas y merengues venezolanos. A veces la gente me preguntaba porqué me quería dedicar a la música del campo, y era porque yo soy de ahí y esa era la música que yo sentía por dentro, siempre fue una parte importante de quien soy. A mí me inspira la gente, el trabajo la tierra, la materia prima y la ley de la naturaleza, así como las cosas simples que alguna vez fueron importantes. Esas tonadas que compuse siendo estudiante fueron más tarde utilizadas para enseñarles composición a otros estudiantes. Por lo que me gusta decir que yo no soy el creador de la tonada, pero sí su defensor”. Con esos recuerdos a cuestas Simón celebró con toda América, porque ha compartido escenarios con muchos de los más importantes intérpretes de habla hispana, sus 50 años de vida artística en 1998, es decir que el año que viene celebraremos, Dios mediante, sus 60 años de venezolanidad asumida en toda su extensión como responsabilidad con el gentilicio.



“Qué sería de la tonada si no existiera Simón”. Alí primera
La tonada es un canto de trabajo del llano venezolano, se usa para tranquilizar al ganado cuando se transporta de un lugar a otro, y también para tranquilizar a las vacas en el ordeño. Simón narra: “Yo de chiquito conversé muchas veces con ellos (con los arrieros) y escuchaba sus cuentos, les oía cantar, reír y soñaba con ser algún día un arriero. Todavía queda gente en el llano que ordeña. Esta faena es un gran reservorio de la tonada, allí el ordeñador se ‘ordeña’ la cabeza también y produce preciosos versos hermosas coplas, hace juegos bellísimos con los nombres de las vacas y becerritos y aprovecha el cantar para lanzar, con cierta picardía, a la muchacha de oficios de la casa y, algunas veces, a la hija del dueño del hato, inteligentes e intencionadas coplas amorosas, como: “Allá arriba en aquel cerro/ tengo un pozo de agua clara/ donde se lava la virgen/ Los piecitos y la cara”. Pero la más hermosa definición del arriero y la tonada la hace Simón cuando explica: “El tiró un lazo hacia atrás con su canto y le cayó en los cachos de todo ese ganado que traía, y en verdad no es ningún lazo, es un lazo cantado, es su voz. El viene cantando adelante, ese ganado lo sigue porque viene amarrado al canto”. En 1954, Simón compuso la tonada del Cabrestero en cuya interpretación imita con exactitud el modo de cantarla el arriero: “Camino del llano tiene/ puntero en la soledad/ el cabestrero cantando/ su copla en la madrugá...”.



¡Caracha negro!
La calidad artística de Simón Díaz, merecedora ya de cuatro doctorados honoris causa de universidades, logró su debut discográfico en los Estados Unidos de manos del sello World Village/Harmonia Mundi USA. El CD, titulado Mis Canciones / My Song, contiene nuevas grabaciones de 15 de sus canciones más famosas incluyendo “Luna de Margarita”, “Flor de mayo”, “El alcaraván”, “Clavelito colorado” y “Caballo viejo”. Pero lo importante para su trayectoria es que Simón con su entrañable expresión “¡caracha negro”, la que dice subiendo el puño derecho hacia el hombro izquierdo, realizó una gira por los Estados Unidos, que incluyó presentaciones en el Berklee Performance Center en Bostón, el Carnegie Hall en Nueva York y el Gusman Theatre en Miami. Y fue total su éxito. Es decir, el de Venezuela y su música más íntima.



Simón cuenta Caballo viejo
Acerca de “Caballo viejo”, Simón nos cuenta: “Por 1980 fuimos al estado Apure con el propósito de hacer un programa de televisión, visitamos lo hatos “Carutal” y “Guamachito” que quedan mas allá de Biruaca y San Juan de Payara, teníamos que grabar en Guamachito una “Galapagueada”, esta es una faena que hacemos en el llano antes de Semana Santa y consiste en sacar unos galápagos de unos caños que quedan después de las inundaciones de la Sabana. Al regreso en la noche, igualito que el poema “Rosalinda” de mi compadre Ernesto Luis Rodríguez, vino un Joropo llanero, se puso lindo el caney. Yo me puse a cantarle unos versos a una muchacha muy bonita de las que embellecían el caney, y allí se paró un joven a contestarme los versos y se prendió un sabroso contrapunteo. Al finalizar este contrapunteo, para todos fue una velada muy bonita y emocionante, pero yo me dije: tengo en mis manos un tema como para hacer una canción que puede ser muy buena. Esta pelea cordial del contrapunteo, quedó grabada en una cinta de Fermín Quevedo, pero a éste se le perdió, y entonces yo a los diez años la reconstruí, corrigiéndola y aumentándola”. Y de esa experiencia surgió nada menos que “Caballo viejo”, que es el tema preferido de todo “viejo verde”, que son aquellos a quienes el amor de una joven mujer les hace reverdecer el corazón.



Los que han cantado a Simón
A Simón lo han cantado nada menos que, además de los citados Caetano Veloso y Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Rubén Blades, Iván Lins y Joyce, Cheo Feliciano, Tania Libertad, Ry Cooder, Danny Rivera, Ednita Nazario, María Dolores Pradera, Armando Manzanero, Barbarito Diez, Ry Cooder, Martirio, Oscar D’León, Gilberto Santa Rosa, Franco De Vita, Ray Connif, Celia Cruz, Gipsy Kings, Julio Iglesias y Plácido Domingo de quien se siente el maestro particularmente orgulloso, pero además, la coreógrafa alemana Pina Bausch, incluyó algunas de las tonadas de Simón para musicalizar su obra “Nur Du”.Y en el mes de septiembre del año 2004, la cadena internacional A&E Mundo, produjo un extraordinario documental biográfico de Simón Díaz.



Bueno Simón, como nunca es tarde, aquí te mando el poema
Venezuela es una orquídea/ en la solapa llanera/ del cultor de la tonada que “hace camino al andar”/ con su canto soberano/ sembrando en los tiernos surcos/ del futuro de la patria/ la simiente generosa/ del amor por nuestra tierra/ expresado en el latido/ del folclore venezolano/ que como flor de esperanza/ es promesa y es rescate/ de los valores sublimes/ que adornan nuestra nación/ y hacen fuerte al gentilicio. Es Simón Díaz el empeño/ de un Quijote misionero/ cabalgando la llanura/ con un cuatro cimarrón/ enraizado en el pecho/ una tonada de amor/ dibujada en la garganta/ y un horizonte de sueños/ bajo el ala del sombrero. Si tuviera Venezuela/ un Tío Simón en cada pueblo/ ¡qué grande sería el amor/ que en cada piedra tuviera!





Fuente: Correo del Caroní

1 comentario:

Isabel Victoria dijo...

¡Caracha Negro! Soy una joven estudiante e interpretante de la música venezolana desde que tengo uso de razón... Crecí cantando "El Alcaraván".. y durante toda mi vida he cantado esta cancion en distintas ocaciones y eventos... Para mí la música es un estilo de vida, de echo el mejor.. porq esperimentas tooodas las cosas hermosas de la vida! Por eso.. La Bendición Tío Simón! Dios bendiga!